Existe una presión creciente para el cambio de uso de suelo en una zona boscosa, para construir una autopista
Jade Latargere / Periódico Reforma
Jade Latargere / Periódico Reforma
Ciudad de México (16 de febrero de 2008).- La autopista Lerma-Tres Marías y Ramal Tenango que los gobiernos de Morelos y del Estado de México planean construir en zona boscosa para unir Cuernavaca y Toluca podría acabar con la principal 'fábrica' de agua del Distrito Federal, que ya enfrenta fuertes presiones por el creciente cambio de uso de suelo y la multiplicació n de pozos de agua potable.
El biólogo Fernando Jaramillo explicó que la recarga de la Cuenca del Valle de México, de la cual se extrae 70 por ciento del agua que se consume en el Distrito Federal, depende de la lluvia que se filtre en el suelo boscoso del Ajusco y de Zempoala.
"El agua que cae aquí en toda esa serranía, lo que hace es que se infiltra, a más o menos mil 500 metros de profundidad y va a alimentar los mantos freáticos que van a nacer en los manantiales en Tlalpan en el DF, en Morelos en toda la zona de Cuernavaca, en el Lerma hacia el Estado de México", explicó Jaramillo.
"Es decir es una zona de captación, infiltración de agua de lluvia que abastece los mantos acuíferos y los manantiales que nacen hacia las tres cuencas".
Advirtió que la construcción de una carretera en esta zona llevará a la paulatina urbanización de esta región por su situación estratégica entre el Distrito Federal, Cuernavaca y Toluca, con graves consecuencias para el abastecimiento en agua de la metrópoli.
"Al perderse cobertura forestal, el suelo queda expuesto a la insolación, es decir por una parte cuando cae la lluvia y ya no está la cobertura forestal, mucha de esta agua escurre sin ser retenida en el suelo, la otra es que como le pega el sol directamente, inmediatamente se evapora.
"Es decir tenemos casi el doble de pérdida de agua que si estuviera el bosque cubriendo el suelo", dijo Jaramillo.
Señaló que el impacto de la carretera Lerma-Tres Marías Tenango podría ser incluso mayor para el abastecimiento de agua en la Ciudad de México, ya que también atraviesa la reserva estatal Otomí-Mexica, principal zona de filtración del Río Lerma, del cual se extrae alrededor de 5 por ciento del agua que se consume en el DF.
Las reservas boscosas del Corredor Chichinautzin, del Ajusco y de la reserva Otomí-Mexica ya han disminuido considerablemente en los últimos años por el cambio de uso de suelo de forestal a urbano y agrícola, así como la tala ilegal de árboles.
El impacto de la reducción de la cobertura vegetal ya tiene un impacto visible en la zona conocida como Ciénegas de Lerma, lugar de nacimiento del río Lerma.
En un recorrido por la zona, REFORMA observó que una gran parte de las ciénegas ya se encuentran desecadas, con la presencia de grietas de desecación.
Adán Mata, comunero del pueblo vecino de Texcalyayac, detalló que en poco menos de 35 años, el nivel de agua en las ciénegas ha disminuido de más de 3 metros por el efecto conjunto de la deforestación y la extracción irracional de agua.
"Los bosques con el tiempo van siendo deforestados y no hay una reforestación, ya no hay el ciclo biológico. Los árboles permiten la regeneración de agua, el agua que escurre de los bosques si ya no es suficiente y sigue habiendo una extracción de manera irracional, pues eso va a secarse", comentó Mata.
"El agua que cae aquí en toda esa serranía, lo que hace es que se infiltra, a más o menos mil 500 metros de profundidad y va a alimentar los mantos freáticos que van a nacer en los manantiales en Tlalpan en el DF, en Morelos en toda la zona de Cuernavaca, en el Lerma hacia el Estado de México", explicó Jaramillo.
"Es decir es una zona de captación, infiltración de agua de lluvia que abastece los mantos acuíferos y los manantiales que nacen hacia las tres cuencas".
Advirtió que la construcción de una carretera en esta zona llevará a la paulatina urbanización de esta región por su situación estratégica entre el Distrito Federal, Cuernavaca y Toluca, con graves consecuencias para el abastecimiento en agua de la metrópoli.
"Al perderse cobertura forestal, el suelo queda expuesto a la insolación, es decir por una parte cuando cae la lluvia y ya no está la cobertura forestal, mucha de esta agua escurre sin ser retenida en el suelo, la otra es que como le pega el sol directamente, inmediatamente se evapora.
"Es decir tenemos casi el doble de pérdida de agua que si estuviera el bosque cubriendo el suelo", dijo Jaramillo.
Señaló que el impacto de la carretera Lerma-Tres Marías Tenango podría ser incluso mayor para el abastecimiento de agua en la Ciudad de México, ya que también atraviesa la reserva estatal Otomí-Mexica, principal zona de filtración del Río Lerma, del cual se extrae alrededor de 5 por ciento del agua que se consume en el DF.
Las reservas boscosas del Corredor Chichinautzin, del Ajusco y de la reserva Otomí-Mexica ya han disminuido considerablemente en los últimos años por el cambio de uso de suelo de forestal a urbano y agrícola, así como la tala ilegal de árboles.
El impacto de la reducción de la cobertura vegetal ya tiene un impacto visible en la zona conocida como Ciénegas de Lerma, lugar de nacimiento del río Lerma.
En un recorrido por la zona, REFORMA observó que una gran parte de las ciénegas ya se encuentran desecadas, con la presencia de grietas de desecación.
Adán Mata, comunero del pueblo vecino de Texcalyayac, detalló que en poco menos de 35 años, el nivel de agua en las ciénegas ha disminuido de más de 3 metros por el efecto conjunto de la deforestación y la extracción irracional de agua.
"Los bosques con el tiempo van siendo deforestados y no hay una reforestación, ya no hay el ciclo biológico. Los árboles permiten la regeneración de agua, el agua que escurre de los bosques si ya no es suficiente y sigue habiendo una extracción de manera irracional, pues eso va a secarse", comentó Mata.

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